
De acuerdo al Código de Derecho Canónico, los espacios destinados a la sepultura de los cristianos son lugares sagrados (1250).
Por tanto, la Iglesia debe de tener cementerios propios o, por lo menos, un espacio destinado solo a la sepultura de los fieles dentro de los cementerios civiles. Si esto no es posible, debe de bendecirse individualmente la sepultura de cada fiel (1240).
Las parroquias y los institutos religiosos pueden tener un cementerio propio (CIC 1241). Sin embargo, dentro de los templos no pueden enterrarse cadáveres, salvo que se trate del papa, de los cardenales y de los obispos diocesanos (incluidos los eméritos), que pueden ser sepultados en su propia iglesia (CIC 1242).
La bendición de los cementerios está reservada al obispo. Pero, si por alguna razón no puede hacerla, puede delegarla a otro obispo o a un presbiterio (CE 1055). Esa bendición puede hacerse cualquier día salvo el Miércoles de Ceniza y la Semana Santa (CE 1055).
Para la bendición la comunidad se reúne en la iglesia o en otro sitio adecuado cercano al cementerio que se va a bendecir. Ahí llega el obispo revestido con alba, estola y capa pluvial (o casulla, si va a celebrar la misa, y prefiere no revestirla después). También usa la mitra y el báculo (CE 1058).
Al llegar a ese lugar, el obispo saluda al pueblo y hace una monición. Luego, reza la oración colecta y, al final, el diácono invita a la procesión diciendo: “Avancemos en paz” (CE 1059-1060), tras lo cual se inicia una procesión en la que avanza primero el cruciferario en medio de dos ministros con velas encendidas, luego los ministros, posteriormente el obispo (con mitra y báculo) y finalmente los fieles, mientras se canta el Salmo 117 (CE 1060).
La procesión se dirige al sitio donde está levantada la Cruz o a un lugar más apto, como la capilla del cementerio (1061). Ahí se leen uno o varios textos de la Escritura. Si se celebra la Misa, se lee una lectura con su salmo, y posteriormente el Evangelio, aunque puede añadirse otra lectura antes del Evangelio (CE 1052). Tras ello sigue la homilía del obispo.
Terminada la homilía, el obispo, de pie y sin mitra, delante de la Cruz levantada en medio del cementerio, bendice la Cruz y todo el terreno del cementerio, diciendo la oración que prevé el ritual. Luego, pone incienso en el incensario e inciensa la Cruz. Enseguida asperja con agua bendita el cementerio y a los participantes. La aspersión del cementerio puede hacerla o estando de pie en medio del terreno del cementerio, o rodeando los muros del cementerio (CE 1064).
Tras la aspersión, si se va a celebrarse el Sacrificio del Señor por los difuntos, el Obispo reviste la casulla (si vestía pulivial), y se dirige al altar preparado para la misa. Hace con los ministros la debida reverencia y venera el altar con un beso. Luego, la misa sigue la misa como de costumbre (CE 1056)
Si no se celebra la Eucaristía, terminada la aspersión del cementerio, se hace la oración universal, o como se acostumbra en la Misa, la que concluye con el Padrenuestro y la oración del obispo (CE 1067). Luego el obispo con la mitra y el báculo, bendice al pueblo de la forma acostumbrada (ídem).
