El Manual de liturgia

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La homilía es parte integrante de la liturgia, es decir, no solo es una instrucción sino un acto de culto. Por eso durante la misa sólo puede hacerla un ministro ordenado (CIC 767), sin que nunca pueda predicar nunca. Esta prohibición incluye a los seminaristas, a los estudiantes de teología, a los asistentes pastorales o para cualquier persona que no haya recibido la ordenación (Instr. Redemptionis sacramentum, n. 66; Instr., Ecclesiae de mysterio, n. 3).

Si se requiere que hable un laico en una misa, debe esperarse al que se haya rezado la oración después de la comunión, y en ese momento puede intervenir. Por ejemplo, si se quiere avisar que habrá una venta benéfica, no se hace cuando termina la homilía, sino hasta el final. O si algún familiar quiere agradecer a los presentes su participación en las exequias, no puede hacerlo en la homilía, sino al final de la celebración, como lo indica el Ritual de exequias.

Ahora bien, fuera de la misa, sí que pueden ser admitidos los laicos para predicar en una iglesia o en un oratorio si hay necesidad de ello o si, en casos particulares, lo aconseja la utilidad, según las prescripciones de la conferencia episcopal (CIC 766). En cualquier caso, la facultad para permitirlo es del ordinario del lugar, sin que puedan dar esta autorización los presbíteros o los diáconos (Instr. Redemptionis sacramentum, n. 161).

En la misa la homilía debe hacerla, normalmente, el sacerdote celebrante, aunque éste se la puede encomendar a otro sacerdote concelebrante, o a veces, según las circunstancias, también al diácono (IGMR 66).

En casos especiales, y por justa causa, también puede hacerla un obispo o presbítero presente pero que no esté concelebrando la Eucaristía (IGMR 66).