El Manual de liturgia

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Desde antiguo existe la costumbre litúrgica de rezar a las horas Tercia, Sexta y Nona, principalmente porque se unía a estas horas el recuerdo de los acontecimientos de la Pasión del Señor y de la primera propagación del Evangelio.

En efecto, en la narración de San Marcos de la Pasión de Jesús dice que “era la hora tercia cuando lo crucificaron” (15, 25); que “al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas” (15, 33); y que “a la hora nona Jesús clamó con voz potente Eloí Eloí, lemá sabaqtani” (15, 34). Por su parte, los Padres de la Iglesia veían claramente aludidas estas Horas en los Hechos de los Apóstoles, que relatan que el Príncipe de los Apóstoles "subió a la terraza para orar hacia la hora sexta" (10, 9); o que 'Pedro... y Juan subían al templo a la hora de oración, que era la nona" (3, l).

Así pues, a la tercia (tercera hora después del amanecer, las 9 hrs.) a la sexta (mediodía) y a la nona (15 hrs.), se rezan las Horas con esos nombres, que son consideradas las horas menores. Cuando solo se reza una de estas Horas se le denomina “Hora intermedia”; si no, cada una conserva su nombre (OGLH 78).

Si alguna de estas Horas se celebra con asistencia del pueblo, ordinariamente deben ser presididas por un sacerdote o un diácono. (OGLH 254). A falta de un presbítero o diácono, preside un laico, a quien se le considera solamente uno entre iguales, por lo que no sube al presbiterio (OGLH 258).

El presbítero o el diácono que preside la celebración puede llevar la estola sobre el alba o la sobrepelliz e, incluso, capa pluvial en el caso del presbítero. (OGLH 255). En las mayores solemnidades, sin embargo, todos los presbíteros y diáconos que participen pueden revestir pluvial o dalmática (Ídem). Las estolas, dalmáticas y pluviales son del color del día. No obstante, el Ceremonial de los Obispos prevé que el obispo las presida con hábito coral (CE 218)

Invocación inicial e himno

La Tercia, Sexta y Nona o la "Hora intermedia” se inician con la invocación: “Dios mío, ven en mi auxilio: Señor, date prisa a socorrerme", al que sigue el “Gloria al Padre" con el “Como era" y, salvo en tiempo de Cuaresma, el Aleluya. (OGLH 79). Esta invocación inicial lo inicia el que preside (OGLGH 256), y todos los participantes están de pie (OGLH 263). Todos hacen la señal de la cruz, desde la frente hasta el pecho y desde el hombro izquierdo al derecho cuando se dice “Dios mío, ven en mi auxilio” (OGLH 266).

Seguidamente se dice o canta el himno del día (OGLH 79), mientras todos los participantes están de pie (OGLH 263).

Salmodia

A continuación del himno viene la salmodia. Durante la salmodia, toda la asamblea está sentada o de pie, según las costumbres del lugar (OGLH 265).

En estas horas, la salmodia puede ser la “habitual” o la “complementaria”. Se usa la “habitual” cuando solo se reza una Hora. Si se rezan varias Horas, en una se emplea la habitual y la complementaria en las demás. (OGLH 81).

La salmodia habitual consta de los tres salmos (o fragmentos, si se trata de salmos más extensos) que se encuentran en el curso del Salterio, y tienen sus propias antífonas si en su lugar no se dice lo contrario.

Por su parte, la salmodia complementaria consta de grupos de salmos escogidos entre los que se llaman "graduales", y que son invariables, es decir, no cambian cada día como en los Laudes o en las Vísperas.  

Al inicio de cada salmo se reza o canta la antífona (OGLH 123).

Después, se canta o recita el salmo o cántico, lo que puede hacerse de tres formas: a) de forma seguida o en directo; b) alternando los versos o estrofas entre dos coros o partes de la asamblea; o c) en forma responsorial (OGLH 122).

Al final de cada salmo se canta o reza el “Gloria al Padre…”, y se repite la antífona (OGLH 123). Una vez repetida la antífona, puede dejarse un espacio de silencio (OGLH 202).

Tras el espacio de silencio, puede libremente quien preside hacer una oración sálmica tomada del libro de la Liturgia de las Horas para cada uno de los salmos (OGLH 112).

Lectura, versículo y conclusión.

Terminada la salmodia se tiene la lectura (OGLH 79). Esta la hace un lector de pie desde un lugar adecuado (OGLH 259), que el Ceremonial de los Obispos precisa que es el ambón (n. 199). Todos los demás escuchan sentados la lectura, salvo que sea del Evangelio (OGLH 264).

A continuación se dice un versículo brevísimo, que hace las veces del responsorio en las otras Horas.

Tras ello,  el que preside dice la oración conclusiva que propone el salterio o en el Propio, estando todos de pie (OGLH 79, 197 y 263). Si el que preside es clérigo, dice la oración con las manos extendidas.

Finalmente, se concluye con la aclamación "Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios"  (OGLH 79).