El Manual de liturgia

El Manual de liturgia

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La Iglesia recomienda que en el tiempo de Cuaresma se organicen celebraciones penitenciales, con el objeto de ofrecer a los fieles la posibilidad de reconciliarse y de celebrar con un corazón renovado el misterio pascual (RP, 13, CE, 262).

En estas celebraciones se utiliza el rito para reconciliar a varios penitentes con confesión y absolución individual, que se encuentra en el Ritual de la Penitencia (RP, en lo sucesivo).

Son ministros del sacramento los obispos y presbíteros que cuenten con licencia para oír confesiones (CIC 967-975). Pueden participar en estas celebraciones quienes deseen obtener la reconciliación sacramental, y también quienes en otro momento recibirán el sacramento (RP 22).

Este rito consta de seis partes.

La primera parte son los ritos iniciales. Los sacerdotes que van a escuchar las confesiones, vestidos como determine el ordinario del lugar (RP 14), se dirigen al presbiterio, mientras se entona un canto apropiado (RP 23). A llegar a la sede, quien preside saluda a los presentes, da indicaciones prácticas sobre la celebración e invita a todos a orar (RP 23, 106 y 111). Tras un momento de silencio, el que preside recita una oración (RP 111).

La segunda parte es la Liturgia de la Palabra. Puede elegirse una o más lecturas (RP 24). Tras las lecturas sigue la homilía (PR 117 y 128).

La tercera parte es el examen de conciencia, pues “conviene preparar la recepción de este sacramento mediante un examen de conciencia hecho a la luz de la Palabra de Dios” (CEC 1454). Para ello se guarda un tiempo de silencio en el que cada uno examina su conciencia. En vez del silencio, el sacerdote, el diácono u otro ministro puede proponer las preguntas del examen de conciencia que aparecen en el ritual (RP 129).

La cuarta parte es la confesión general de los pecados. Al terminar el examen de conciencia, a invitación del diácono o de otro ministro, todos se arrodillan o se inclinan y recitan el “Yo pecador”. Luego, de pie, se hace una oración litáncia o se entona un cántico que concluye con la Oración del Señor. (RP 130).

La quinta parte es la confesión individual. Tras el Padrenuestro, los sacerdotes se dirigen a los lugares adecuados, y los fieles se acercan para confesar sus pecados individualmente. En estas confesiones se omite la lectura de la Palabra de Dios; de modo que el penitente confiesa sus pecados, el sacerdote le ofrece al penitente oportunos consejos para empezar una nueva vida, y le impone una satisfacción. Tras ello, el sacerdote extendiendo ambas manos, o al menos la derecha, sobre la cabeza del penitente, da la absolución. Se omite la acción de gracias y la despedida (RP 133).

La sexta parte es la acción de gracias y despedida. Concluidas las confesiones de los penitentes, los sacerdotes vuelven al presbiterio, y el que preside invita a todos a la acción de gracias (RP 29). Esto se hace mediante un himno, como el Magníficat o el salmo 135 (RP 134). Al final, quien preside imparte la bendición (RR 143)