
Las primeras palabras que aparecen en el formulario de cada misa corresponden a la antífona de entrada. Por eso, muchas misas e incluso días han sido nombradas con las primaras palabras de esa antífona.
Así, hablamos de “misas de réquiem”, por las primeras palabras de la antíofona de entrada de la misa de difuntos; de “domingo laetare” o “domingo gaudete” por lo mismo. O se le llamaba “domingo quasi modo” al posterior a Pascua por el íncipit, como se puede ver en la novela de Víctor Hugo, en la que le ponen Quasimodo al personaje, por haber sido abandonado ese día en la catedral parisina.
Sin embargo, muchas veces esa antífona se omite, al igual que la de la comunión. Eso es correcto cuando hay un canto de entrada o de comunión. Pero si no existen estos cantos, entonces un lector o los fieles (todos o solo algunos) deben leer estas antífonas (IGMR 48 y 87). De lo contrario, la debe leer el sacerdote (ídem). En el caso de la antífona de entrada, también puede adaptarla a manera de monición inicial (Ídem)
